05/06/2017 "0" COMENTARIOS

CARDENAL J. RATZINGER SOBRE MAGIA, OCULTISMO Y YOGA (I)

Entrevista publicada en la revista “Una voce grida” nº 9 (Marzo de 1999). Por Ignazio Artizzu.


Eminencia ¿Qué es la magia?

Es el uso de fuerzas aparentemente misteriosas para tener un dominio sobre la realidad física y también psicológica. Es decir, el intento de instrumentalizar las potencias sobrenaturales para nuestro propio uso. Con la magia se sale del campo de la racionalidad y de la utilización de las fuerzas físicas enseñadas por la ciencia. Se busca - y a veces también se encuentra - una manera de aprovecharse de la realidad con fuerzas desconocidas. En muchos casos puede ser una estafa, pero también puede ocurrir que con elementos que se sustraen a la racionalidad se puede entrar en un cierto dominio de la realidad.

Tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento se condena de modo férreo toda práctica de la magia, así como el recurso al ocultismo en todas sus formas. ¿Cómo ve esto desde el punto de vista teológico?

Veamos los orígenes más profundos de las supersticiones, de la magia y del ocultismo para entender mejor la condena hacia ello. Diría que hay dos elementos: por una parte en el hombre, creado a imagen de Dios, existe la sed de lo divino. El hombre no puede limitarse a lo finito, a lo empírico: tendrá siempre el deseo de ampliar la perspectiva de su ser y de entrar en la esfera divina, de salir de la pura realidad física y tocar una realidad más profunda. Este deseo, de por si innato en el hombre - imagen de Dios - se ha perdido porque parece muy difícil ir realmente hacia la búsqueda de Dios, elevarse y dejarse elevar por el Amor Divino y llegar de esta manera a un verdadero encuentro del Dios personal que me ha creado y me ama. Entonces ocurre un poco como en el mundo humano: las aventuras pasajeras son más fáciles que un amor profundo, que una vida. Y así como en esta vida humana un amor fiel, un verdadero amor, que va hasta la profundidad de nuestro ser, exige un compromiso muy diferente a las aventuras fáciles, también las realidades espirituales exigen un compromiso profundo, una fidelidad, una disciplina interior, la humildad de establecer la propia vida al seguimiento de Dios. Es por eso que el hombre busca las cosas más fáciles, un experimento inmediato de la profundidad del ser.

También podemos decir que aquí se verifica una doctrina fundamental de la Iglesia, es decir que en el hombre, por una parte, encontramos la naturaleza creada por Dios, y por otra un tendencia opuesta: el desconcierto y el pecado original que se desvían de su origen y transforman en una caricatura su deseo innato de amar a Dios y de entrar en la unión con Él. Por tanto, esta segunda tendencia se realiza en la búsqueda de un camino más fácil, un contacto más inmediato y sobre todo un modo para no someterse al amor y al poder divino. Entonces el hombre empieza a hacerse dominador de la realidad explotando esta presunta posibilidad de su ser. Esto me parece una profunda inversión y perversión de la relación más profunda de nuestro ser: en lugar de adorar a Dios, de someterse a Dios, el hombre tiene la intención de hacerse dominador de la realidad usando estas potencias ocultas, y se siente el verdadero dominador.

Es la tendencia que encontramos en el capítulo 3 del Génesis: yo mismo me convierto en Dios y tengo el poder divino y no me someto a la realidad. “La serpiente dijo a la mujer: «No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal. Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.” (Gen 3,4-7)

San Pablo, en Chipre, define públicamente al mago Elimas como “hijo del diablo”. ¿Podemos entonces afirmar con certeza que detrás de la magia y el mundo de lo oculto está siempre el demonio?

Sí, yo diría que sin el demonio, que provoca esta perversión de la creación, no sería posible todo este mundo del ocultismo y de la magia. Entra en juego un elemento que va más allá de la realidad de la razón y de la realidad reconocible con la ciencia unida a una razón sincera. Nos ofrece un elemento aparentemente divino, el de las fuerzas que pueden ser exitosas, experiencias que aparecen como sobrenaturales y siempre como divinas. Son en cambio una parodia de lo divino. Poderes, pero poderes de caída, que en realidad son ironías contra Dios.

¿Es esta la raíz de la firme condena expresada también por la Iglesia contra la magia y el ocultismo?

Sí. Empieza en el Antiguo Testamento: pensemos en el conflicto entre Samuel y Saúl. Es exactamente la característica de las religiones del Dios revelado: no se hace uso de estas prácticas, que son características de las religiones de esta tierra, y por lo tanto paganas, porque pervierten la relación entre Dios y el hombre. Esta condena continúa en toda la historia de la Revelación y recibe su última aclaración en el Nuevo Testamento. No es, está claro, un positivismo que quiere excluir algo a la riqueza del ser o de las experiencias posibles, sino la verdad de Dios que se opone a la mentira fundamental.

El nombre del diablo en la Sagrada Escritura, “padre de la mentira”, se vuelve comprensible de un modo nuevo si consideramos todos estos fenómenos, porque aquí encontramos realmente la mentira en su máxima pureza.

¿En qué forma?

El hombre se convierte en dominador del mundo explotando lo que aparece como Dios y entonces usa el poder para dominar el mundo en sí mismo, entrando de esta manera en una mentira radical. Esta mentira aparece en un primer momento como una ampliación del poder, de la experiencia, como una cosa bellísima: yo me convierto en Dios. Pero al final la mentira es siempre una realidad que destruye. Vivir en la mentira quiere decir vivir contra la realidad y por tanto vivir en la autodestrucción. En este sentido podemos ver dos aspectos de esta prohibición. Por una parte, simplemente, las prácticas ocultas y mágicas excluyen porque pervierten la realidad, son mentiras en el sentido más profundo.

El segundo aspecto, el moral después del ontológico, es que, opuestas a la verdad, éstas son destructivas y destruyen al ser humano empezando por su núcleo.

¿Cuáles son los peligros para aquellos que tienen relación con la magia y el ocultismo?

Empecemos por el fenomenológico. La trampa está en las cosas prometidas, en una experiencia de poder, de alegría, de satisfacción. Pero luego una persona entra en una red demoníaca que se vuelve después de poco tiempo mucho más fuerte que él. Ya no es el dueño de la casa.

Pongamos por caso que una persona entra a formar parte de una secta o de un grupo mágico. Se convertirá en esclavo no sólo del grupo, cosa que ya sería gravísima dado que estas sectas pueden enajenar totalmente a una persona. Será esclavo de la realidad que está detrás del grupo, es decir, una realidad realmente diabólica. Y así va hacia una autodestrucción siempre más profunda, peor que la de la droga.

¿Cuáles son las raíces de esta sed de lo oculto?

Me parece que es esta mezcla de una tendencia hacia lo divino y el desconcierto que cierra al hombre en sí mismo.

Ninguno de los ocultistas declara abiertamente trabajar con el demonio. Más bien, casi todos afirman ser creyentes y hacer el bien. Usan imágenes sacras, crucifijos…

Sí. La mentira profunda luego se concreta en mentiras más evidentes. El mago, en su orientación personal, ha llegado a la mentira. Luego, es natural usar todas las formas concretas para expresar y hacer actuar a la mentira. Naturalmente el sincretismo es uno de los elementos fundamentales del mundo mágico y ocultista, que se sirve de las religiones y sobre todo de los elementos cristianos, pervirtiéndolos con el propósito de hacerse creíble ante la gente, usando también la fuerza oculta de la realidad cristiana. Lo vemos en los Hechos de los Apóstoles con Simón el mago, que quería comprar la fuerza de los apóstoles: “Al ver que por la imposición de las manos de los Apóstoles se confería el Espíritu Santo, Simón les ofreció dinero, diciéndoles: «Les ruego que me den ese poder a mí también, para que aquel a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo»." Pedro le contestó: «Maldito sea tu dinero y tú mismo, Porque has creído que el don de Dios se compra con dinero. Tú no tendrás ninguna participación en ese poder, porque tu corazón no es recto a los ojos de Dios. Arrepiéntete de tu maldad y ora al Señor: quizá él te perdone este mal deseo de tu corazón, porque veo que estás sumido en la amargura de la hiel y envuelto en los lazos de la iniquidad». (Hechos. 8,18-23)

Se afirma que existen formas de magia y adivinaciones inocuas y “ligeras”, como la lectura de la mano, las cartas y los horóscopos. Y se ironiza sobre el Nuevo Catecismo, que las ha condenado. ¿Existe una escala de gravedad y son todas de la misma cepa, y entonces igual de graves?

Existe quizás un uso más ligero, pero igualmente no aceptable, porque abre la puerta a lo oculto. Si uno empieza a moverse en esta dirección hay el peligro de caer en una trampa más profunda. Pero el hecho de que se acceda fácilmente, y a menudo de manera inevitable, una vez se entra en ese camino, no debe llevarnos a un rigorismo que no distinga entre comportamientos que son símbolo de una cierta ligereza de vida y el modo de actuar de las personas que han entrado de lleno es estas situaciones. Una cierta distinción existe sin duda, pero se debe de tener presente que un peldaño lleva fácilmente a otro, porque el terreno es resbaladizo.

¿Qué diría a quien frecuenta la Iglesia y también los ocultistas, o practica el mismo el ocultismo, creyendo que una cosa no debe excluir a la otra?

Le diría que debe empezar a entender mejor la fe e inserirse profundamente en el camino cristiano, para entender que son cosas completamente diferentes. Si escucho la Palabra del Señor, con la mano en la mano del Señor, me dejo guiar por el amor de Cristo, me incluyo en la gran comunión de la Iglesia, andando junto con la Iglesia en el camino de Cristo. Muy diferente es si yo empiezo a entrar en la realidad grave del ocultismo. Las dos actitudes son desde el principio profundamente diferentes. Entender esta diferencia es una decisión fundamental del hombre, es el paso inicial del camino de la fe.

Pensemos en el rito del Bautismo, donde tenemos por una parte el “sí” al Señor y a su ley, y por el otro el “no” a satanás. En tiempos pasados se giraba hacia oriente para decir “sí” al Señor y hacia occidente para decir “no” a las seducciones del diablo. Con este rito, nacido en tiempos en que, como sucede hoy, la Iglesia estaba rodeada y atacada por las prácticas ocultas, se entienden las diferencias irreconciliables de estos dos comportamientos. Yo digo “sí” al camino del Señor y esto implica que digo mi “no” a las prácticas mágicas. Debemos renovar en un sentido muy concreto y realista esta doble decisión. Decir “sí” a Cristo implica que no puedo “servir a dos amos”, como dice el Señor mismo, y si digo “sí” al Señor no puedo decir en el mismo momento “sí” a estos poderes ocultos, sino que tengo que decir: “no, no acepto la seducción del diablo”. Y quizás, en ocasiones de la renovación de los votos bautismales que hacemos antes de la Pascua, se debería explicar que lo que pronunciamos no es un antiguo ritual, sino una decisión importante para nuestra vida de hoy, un acto concreto y realista.

Continuará...

Fuente: medjugorje.altervista.org

TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL: Un puente de fe
Esta traducción puede ser reproducida citando la fuente de la misma







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